5 CLAVES PARA MEJORAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL
Enrique A. Simmonds B.
Marzo 24, 2014
Maracaibo
(Venezuela)
Navegando
por la web, tropecé con esta imagen que me pareció muy interesante, la cual
lleva como título “5 Claves para Mejorar tu Inteligencia Emocional”, y que al
parecer no tiene ningún orden en específico. Me gustaría compartir con ustedes
algunas reflexiones que suscitaron en mi persona dichas claves.
Mantén la calma bajo presión

Las
presiones y el estrés del día a día muy probablemente no estén a nuestro
alcance modificarlo ni cambiarlo, lo que sí está a nuestro alcance es la forma
en cómo manejamos dichas situaciones. Stephen
Covey plantea su Principio de 90/10[1],
el cual afirma: El 10% de la vida está
relacionado con lo que nos pasa, y el 90% de la vida está relacionado con la
forma en cómo reaccionamos a esto.

Enfrenta tus emociones y elimina los pensamientos negativos

Por
experiencia personal he podido llegar a la conclusión que la represión es la manera más errónea que
solemos emplear para afrontar las emociones. Por el contrario, una actitud que
podría sernos de ayuda es, dicho de forma metafórica, pararnos cara a cara con la emoción, siempre y
cuando dicha emoción represente algo negativo para nosotros, y después enfrentarla; que podamos hacer
consiente la o las reacciones que nos suscitan. A partir de ahí, confrontar la emoción con nosotros
mismos. Recordemos lo que hablábamos en el punto anterior con el principio
90/10 de Stephen Covey.

Con
esto no quiero que se entienda que, por ser personas positivas y optimistas, no
atravesaremos situaciones difíciles ni desagradables; sólo que al vivirlas,
podremos afrontarlas mejor. Todo está dentro de nosotros mismos!!
Comparte tus sentimientos íntimos con alguien especial

A
cada instante y desde que tenemos uso conciencia, como dicen por ahí, en lo más
profundo de nuestros corazones se alojan algunos sentimientos que con
frecuencia no los hemos compartido con otra persona, ya sea porque no lo deseo
hacer o simplemente porque no he encontrado ese “alguien” a quien me gustaría
hacerlo. Es en este punto donde entra el término de confianza, como aquella esperanza firme o seguridad que se tiene
(en este caso) en que una persona va a actuar como se desea[2].
Este
hecho de compartir, podríamos asociarlo al punto que tratamos anteriormente,
ya que cuando se comenta un sentimiento, un sueño, un proyecto, un anhelo a
alguien, es porque primero me ha generado
confianza y segundo, debería ser una persona
positiva para que ese sueño, proyecto, anhelo sea alcanzado con prontitud,
o para que ese sentimiento no sea divulgado a cualquier persona.

He
visto muchísimo en los últimos años personas (especialmente adolescentes y
jóvenes) que dicen tener un “mejor
amigo” o una “mejor amiga” a
personas que apenas llevan un par de semanas de conocidos y comienzan a
contarse intimidades sin realmente conocer a esa persona, valga la redundancia.
Esto es un factor clave en nuestra sociedad y en nuestras relaciones
interpersonales, la base clase de la
confianza es el conocimiento del otro; cuando no hay conocimiento real de la
otra persona, no hay certeza de auténtica confianza.
Establece tus límites adecuadamente
Aunque
el título podría leerse como muy general, personalmente le daré mi propio cauce
¿Alguna vez hemos escuchado la expresión “cada cosa tiene su momento”? Yo, en
alguna ocasión lo oí, mas no lo escuché; es decir, no internalicé su
significado ni lo hice consiente (obviamente que mucho menos lo puse en práctica).
Les
ha pasado en alguna o varias oportunidades que, ¿estás en casa y tienes en la
mente todas las cosas del trabajo? ¿Estás comiendo a la mesa en familia, suena
el celular y debes atender la llamada porque es de la oficina donde trabajas? ¿Te
han interrumpido en una salida de esparcimiento o vacaciones de tu trabajo
porque quieren que ayudes a resolver cierta situación? Si nuestras respuestas
han sido afirmativas a por lo menos una de ellas, muy probablemente tenemos dificultad
en poder establecer límites a las diferentes
actividades que hacemos a diario. Hago en el énfasis en el aspecto laboral, ya
que es el ambiente que más suele evidenciarse estas cuestiones.

Haré
un paréntesis en esto para comentar mi experiencia en este punto. Hace un par
de años trabajé en una empresa pequeña enfocada a mi área de estudio, la
arquitectura. Dicha empresa estaba comenzando. El servicio profesional que
prestaba era por honorarios o freelance, con la particularidad que
contábamos con un espacio físico y equipos mínimos para desarrollar nuestras
actividades. El trabajo solía comenzar a las 9am, luego fue haciéndose desde
más temprano, 8am, 7am, hasta llegar a las 6am o un poco antes; y la jornada
comenzó terminando a las 6pm, posteriormente hasta las 7pm, 8pm, 9pm, hasta un
tope que llegó a ser 11pm. En cuanto a los días de semana, al principio sólo
era de lunes a viernes, hasta que luego también eran los sábados y domingos;
literalmente en esos tiempos no tenía otro tipo de vida que no fuera el
trabajo, ya que yo no establecí los límites en el momento que tuve que hacerlo.
La situación
seguía acrecentándose, y comencé a tener dificultades
con mi pareja debido a mi ritmo y estilo de vida; no compartía con mi familia, ya que me iba y llegaba cuando ellos
estaban descansando; hasta que llegó lo inevitable, toda esa situación de
estrés desembocó en un fuerte período de enfermedad.
Pasado
unos meses, literalmente, mi mente y mi cuerpo no soportaban dicho estado,
hasta que a mí mismo me dije: ¡Ya basta! ¡Hasta
aquí! Si aquí ni mis colegas, ni los jefes quieren poner límites, pues, yo sí
lo haré!! Y así fue, exigí la implementación de un horario (ya que nuestra
contratación iba estabilizándose). A partir de ahí, todos compartíamos un mismo tiempo que estaba dedicado
para nuestro trabajo y al finalizar la jornada literalmente me desconectaba y
dedicaba el resto del día para hacer ejercicios, compartir con mi pareja, con
mi familia y para realizar actividades personales. Debo reconocer que fue
lo mejor que pude haber hecho en ese momento y se reflejaba en mi
rostro, en mi cuerpo y en mi mente; el apoyo y la ayuda que recibí de mi pareja en esta situación fue el gran impulso que tuve para dar este valioso paso.
Así que,
seamos capaces de establecer límites adecuadamente con firmeza y respeto en las
diferentes situaciones que vivimos, “cada cosa tiene su momento”. Y finalizando
este punto, les comparto un fragmento bíblico (sean o no creyentes), el cual considero
está cargado de mucha sabiduría:
“Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol: tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de odiar; tiempo de guerra y tiempo de paz.” Eclesiastés (Qohelet); 3,1-9.[3]
Lee las señales verbales y no verbales
Terminando
con estas 5 claves para mejorar nuestra inteligencia emocional, se encuentra
esta última, pero no menos importante, el saber
leer (e interpretar) las señales verbales y no-verbales.
Personalmente
considero que dentro de esta clave se puede hacer cierta mención a la intuición, dicho por la Real Academia
Española[4] como aquella facultad de comprender las cosas
instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. En estas señales verbales
y no-verbales, consideraría el lenguaje
corporal, el tono de voz y hasta las expresiones faciales, las cuales
son importantes saber reconocerlas dentro de nuestras relaciones
interpersonales y de convivencia, ya que identificándolas tendremos muchas más
probabilidades de un manejo adecuado de las situaciones.
Por otra
parte, en muchas ocasiones de la vida, además de escuchar lo que una
persona nos dice explícitamente, puede que nos toque ver (o escuchar) más allá
de lo que estamos viendo (o escuchando); como decía una profesora de filosofía:
“hay
que leer entre líneas”; es decir, saber no tanto lo que alguien dice,
sino lo que realmente quiere decir.
Debemos
ir desarrollando poco a poco nuestra capacidad de percepción en las situaciones
y con personas, prestar y enfocar más nuestra atención a lo que nos rodea,
hacer conciencia de los hechos alrededores: no ver, sino observar; no oír,
sino escuchar; no ser reactivos, sino proactivos.
Espero
que cada uno de los lectores pueda tomar aquello que más le está haciendo falta
en este momento y también pueda compartir sus experiencias y aprendizajes con todos
nosotros, quienes dedicamos unos minutos a leer estas líneas.
Te deseo siempre éxito en cada cosa que
emprendas y recuerda que todo comienza desde mí mismo; si quiero que el mundo
cambie, primero debo cambiar yo, y hacerlo para mejor!! Un fuerte abrazo.
[1] Principio 90/10 (en texto): http://kikesimmonds.blogspot.com/2013/02/principio-9010-stephen-covey.html
Principio
90/10 (en imagénes): http://kikesimmonds.blogspot.com/2013/06/principio-9010-stephen-covey-ii-parte.html
[2] Diccionario en línea
WorldReference.com: http://www.wordreference.com/definicion/confianza
[3] Tomado de La Biblia de Nuestro
Pueblo: http://bibliadenuestropueblo.com/BNP_OL_03.asp?LIB=Eclesiast%E9s+%28Qohelet%29&CAP=3